El Silencio de los Inocentes

Algo debe andar muy mal para que en nuestra sociedad se relativicen los principios éticos. Las noticias que llegan de los estamentos más representativos del país llenan de ira y desesperanza a cualquier colombiano. Es como si viviéramos en la cueva de Alí Baba y sus cuarenta ladrones.

Uno termina pensando, de manera lógica, que la justicia en nuestro país solo aplica para aquellos que no tienen cómo defenderse o cómo planteaba Kafka, los que deben prosternarse (arrodillarse) ante la ley.

Un caso que llama la atención es el del excongresista Musa Besaile, quien sostiene públicamente que los expresidentes de la Corte Suprema de Justicia, Leónidas Bustos y Francisco Ricaurte, de alguna manera lo extorsionaron con la premisa de no generar una orden de captura en su contra.

En una sociedad distinta lo anterior hubiera generado un escándalo y se socavaría la institucionalidad en procura de la verdad y llevar a los culpables tras las rejas. Contrario a eso, en ‘Locombia’, los medios atosigan a los pobladores con la venida del Papa, los partidos de la Selección Colombia y la lesión de James Rodríguez.

Lo preocupante es que los actos de degradación en todos los niveles terminan por desaparecer los recursos que los colombianos tributamos. Así, los hechos de corrupción y las pocas condenas que se profieren otorgan a los infractores prebendas que van desde lujosos sitios de reclusión hasta goce infinito del dinero hurtado al finalizar los exiguos tiempos de privación de la libertad.

En todo caso, de alguna manera nos hemos acostumbrado a convivir con el delito. La ética elemental del respeto por los recursos públicos que se suponen son para el bienestar de toda la comunidad ha desaparecido hasta de los planes de estudio. Y cuando se enseña en los planteles educativos y centros de educación superior, se hace carente de sentido y significado, por lo que los estudiantes asumen que solo se trata de materia relleno para completar la carga de algún docente.

¿Qué necesitamos para cambiar las prácticas corruptas en procura de alcanzar todo con el menor esfuerzo? ¿Por qué persistimos en creer que los demás son los bobos y nosotros los vivos de la película? Debemos volver a los valores primarios: el respeto por los demás, la honradez como aspecto primordial, la justicia como regla moral y saber que los recursos nos pertenecen a todos y por lo tanto, hay que cuidarlos.

Por Armando Arboleda

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